¡Alerta amistosa! Soy Moli El Molar y hoy os cuento una historia que empezó con un susto y terminó con una sonrisa. Spoiler: duró muy poco.
Problema protésico resuelto: el susto de Antonio
Antonio, 84 años, notó de repente que su prótesis superior le bailaba. Le rozaba, le molestaba al comer y, lo peor, le hacía sentir inseguro al hablar. Su primera reacción fue resignarse: «a mi edad, esto es lo que hay».
Ni resignarse ni esperar
Su hijo pensó distinto e hizo una llamada. Tras una breve valoración, quedó claro que el problema tenía solución y que se podía resolver en casa, sin traslados.
Una visita, problema resuelto
El profesional acudió al domicilio con el material necesario, valoró el ajuste y dejó la prótesis cómoda y estable en la misma visita. Antonio volvió a comer y a hablar tranquilo ese mismo día.
La moraleja de Moli
Una prótesis que molesta no es algo que haya que aguantar. Casi siempre tiene arreglo, y casi siempre antes de lo que crees. No te resignes: pregunta.
Moli